Hemos terminado la cincuentena Pascual, con la fiesta de Pentecostés, en que recibimos la efusión del Espíritu Santo y como para cerrar con broche de oro, celebramos la fiesta de La Santisima Trinidad para meditar y profundizar en este misterio incomprensible para la razón humana, que Dios es uno en tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, familia Divina que nos manifiesta que Dios no es un Dios solitario sino comunidad de vida y amor.
Entreremos de lleno al Tiempo Liturgico Ordinario, pero no quiere decir que dejamos de celebrar el Amor de Dios, de inicio dentro de este tiempo celebramos el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, tan arraigada en nuestros pueblos, la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y del Corazón Inmaculado de Maria. Todas estas festividades son un eco del amor de Dios que nos recuerdan constantemente que Dios es fuente inagotable de amor donde nosotros podemos llenarnos de ese amor para irradiarlo a nuestros semejantes.
El Corazón traspasado de Jesús nos hace pensar en que Él ha dado la vida por su propia voluntad en una relación estrecha con la entrega de su Cuerpo y de su sangre en la víspera de su pasión en el sacrificio de la Cruz, donde nos dio toda su vida. Vivamos estas fiestas meditando y profundizando el misterio del amor del Padre, manifestado en Cristo Jesús.
Pbro. Benito Leobardo Arroyo Romero
Administrador Diocesano de Tehuacán.